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Subcontratación, mecanización e inmigración en la República Dominicana

Han pasado varias décadas desde que las economías de mercado a nivel internacional fueron sumergidas en el auge de la globalización. Con ello se impusieron nuevas reglas para agilizar la eficiencia del mercado, entre las cuales se incluye el proceso de la subcontratación. La subcontratación es el proceso de una empresa mover ciertas funciones en la producción de un producto o servicio, o algunas operaciones internas, a una empresa externa especializada en la rama de interés. Todo esto conlleva ciertos beneficios entre los cuales se encuentra un abaratamiento de los costos operacionales y/o de producción, lo que se convierte en ganancias para la empresa sea en la expansión de su mercado o en la eliminación de ciertos costos innecesarios o ambos. Dado el incremento en la productividad que esta actividad genera, la subcontratación ha sido adoptada en casi todos los países en el mundo.

En el caso de República Dominicana, la subcontratación se ha hecho muy popular tanto en el sector privado como en el público. Por ejemplo, muchas empresas privadas contratan los servicios de empresas especializadas en hacer estudios de mercado. También se puede usar como ejemplo el hábito del Estado contratar empresas privadas especializadas en construcción para construir obras de todo tipo en distintos puntos del país. Por lo general suele ser mucho más barato subcontratar alguna especialidad y por eso la subcontratación es aceptada como una practica positiva y progresista.

Otro aspecto que ha tenido un auge en varios sectores de la economía dominicana ha sido la mecanización de algunas funciones productivas. En la agropecuaria la mecanización suele ser más común entre las grandes empresas gracias a su amplio acceso a capital o créditos, por lo tanto pueden financiar sus propias mecanizaciones. Tal ha sido el caso en el sector azucarero que en la actualidad está mecanizando sus procesos de cosecha hasta llegar a un 80%. La mecanización también abarata los costos de producción y/u operaciones internas lo que incrementa la productividad y la eficiencia. A pesar de ello, la mecanización conlleva un costo que comúnmente suele ser demasiado elevado para las pequeñas empresas, especialmente las de carácter agrícola, por lo cual no hace rentable aplicar lo susodicho al menos que obtengan apoyo financiero del Estado.

Ahora entramos a la parte más interesante y céntrica del tema y es la mano de obra inmigrante. Así como la subcontratación y la mecanización abaratan los costos de producción/operación, también  lo es la contratación de la mano de obra inmigrante. Por varias razones esta suele ser la forma más barata de incrementar la producción y, a la vez, abaratar los costos de la misma; tanto así que la contratación de mano de obra inmigrante es casi universal en la agropecuaria (asciende a más de 80% de la mano de obra total) y construcción, y tiene un fuerte auge en el sector turismo con un 50% de la mano de obra siendo inmigrante. En la agropecuaria se da el caso por el tamaño de la mayoría de las empresas agrícolas, al ser pequeñas y medianas tienen dificultad en el acceso de capital o créditos para implementar una mecanización. Incluso, de no existir la mano de obra inmigrante, sería preciso decir que un gran porcentaje de las empresas agrícolas que actualmente operan en la República Dominicana hubiesen cesado sus actividades debido a la baja capitalización. En el ámbito construcción se da por razones similares y en el turismo es más por el oportunismo de la existencia de una mano de obra inmigrante que suele ser más barata a la nativa.

Los tres casos tienen el mismo objetivo que es reducir los costos e incrementar la productividad. Esas son las ganancias para las empresas, pero los consumidores también obtienen beneficios como lo es tener más productos de mejor calidad a precios más asequible. O sea, la calidad de vida de los consumidores aumenta porque pueden consumir más con menos recursos económicos, y así el país entero gana con un aumento en su productividad, en su riqueza nacional, y en el bienestar de su población. Sin embargo, con mucha frecuencia se observan quejas y rechazos hacia la implementación de estas nuevas prácticas que nos benefician a todos. Aunque la subcontratación y la mecanización tiene sus detractores anclados en las alegaciones que esas actividades eliminan empleos – por cierto en realidad esas actividades producen más empleo de las que eliminan -, la que más críticas recibe por diversos grupos en la sociedad es el uso de mano de obra inmigrante con el pretexto que la misma reemplaza la mano de obra nativa por la foránea.

La realidad es que la mano de obra inmigrante no está reemplazando la mano de obra nativa. La población nativa tiene un índice de urbanidad mucho más superior al de la población inmigrante, y eso implica que la población nativa tiene ciertos valores y aspiraciones de obtener un estilo de vida que no es compatible con el estilo de vida rural. Por eso se da el caso de muchos dominicanos rechazar empleos como la cosecha de caña, café, cacao, etc. Mejor prefieren mantenerse desempleados, incursión en el sector informal, incursión en el sector formal aunque sea un subempleo o emigrar hacia el exterior. Por ende, la escasez en el campo de la mano de obra nativa estaba supuesto ocasionar la quiebra de una cuantiosa cantidad de pequeñas empresas agrícolas, cosa que no ha ocurrido gracias a la existencia de la mano de obra inmigrante. En adicional, los costos de varios productos que  forman la canasta familiar como lo es el arroz, el plátano, entre otros; hubiese sido mucho más elevados de lo que son actualmente, posiblemente prohibiendo el acceso de esos productos a los estratos sociales más bajos de la sociedad. Tampoco se hubiera materializado el gran dinamismo y crecimiento que se ha visto en la productividad del sector agrícola. Por lo tanto, el argumento que es utilizado por ciertos grupos en contra de la utilización de la mano de obra inmigrante carece de fundamento.

Existen razones validas por la cual se debe controlar el flujo de inmigrantes clandestinos por razones de cultura y de otras índoles, pero el mito que ellos reemplazan la mano de obra nativa y/o que son un peligro para la economía nacional no es más que un mito. Es mejor desde un principio poner las cosas claras para que después no surjan argumentos sin fundamentos como lo es el caso de la excusa ya mencionada aquí.