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Los españoles isleños (canarios) y la economía colonial dominicana

Los españoles han sido una de las fuentes claves en la formación de la República Dominicana. Fuimos parte de España durante tres periodos específicos que los historiadores denominan como Primera Colonia (1492 – 1801), Segunda Colonia (1809-1821) y Tecera Colonia (1861 – 1865). Es por ello que el grueso de nuestras tradiciones y expresiones culturales tienen sus orígenes en España, pues la Madre Patria nos transplantó todo lo que tenía, incluyendo a su gente. A diferencia del patrón migratorio español en otras zonas de América, en el caso de la República Dominicana el mayor aporte no se originó en la península ibérica, sino en las Islas Canarias.

Estos españoles, históricamente referidos como isleños o españoles isleños para diferenciarlos de los españoles peninsulares, no vinieron en busca de oro ni tampoco para conquistar nuevos terrenos ni para evangelizar. Los canarios vinieron por la imperiosa necesidad que los Reyes Católicos asumieron en el siglo XVIII de repoblar y aumentar la población de la Capitanía General de Santo Domingo. Con esta migración, la Corona española pretendía conservar la extensión de su dominio sobre la parte española de la Isla de Santo Domingo y así enfrentar la creciente presencia e intromisión de los franceses en el oeste de la isla. No perdamos de vista que la isla sufrió una despoblación en las bandas occidental y septentrional por órdenes del gobernador Osorio a principios del siglo XVII y, por la ausencia de población suficiente en esas regiones, los filibusteros franceses pudieron exitosamente asentarse allí y, con el tiempo, dan inicio a la colonia francesa de Saint Domingue.

La llegada de los isleños supuso un cambio en la economía. Para poder entender estos cambios, debemos primero tener en cuenta que el siglo XVII es considerado como el siglo de la miseria, debido al descenso tan rápido que sufrió la colonia española después de las despoblaciones y eventos posteriores que empeoraron la situación.

Tal fue el caso del horrible año 1666, también conocido como el año de los seises, en la que se desataron varias epidemias que acabaron de matar a los pocos indígenas que habían y diezmó bastante la población de los negros, y a la vez dejando un cambio en la composición racial del país con tendencia hacia el creciente predominio del mulato. En ese mismo año un huracán destruyó casi todas las plantaciones, y lo que quedó acabó por abatirlo un terremoto. Como si no fuera poco, en los años 1659, 1667 y 1673 el Cibao sufrió varias invasiones de piratas muy sangrientas, con fuertes saqueos de pueblos incluso en el interior como Santiago y La Vega, y difundiendo el terror entre los habitantes. Para colmo, en el año 1684 otro terremoto sacude violentamente el país causando grandes daños en los pueblos.

Con estos atropellos, gran parte de los pueblos se hundieron en la miseria más absoluta y afectó a toda la población dominicana, incluyendo a los sectores acomodados que vieron sus riquezas esfumarse y su nivel de vida reducirse prácticamente al mismo nivel de la gente común. Don Antonio Sánchez Valverde describe la situación tan crítica en que se encontraba la Ciudad Primada de América:

“Más de la mitad de los edificios de la Capital estaban enteramente arruinados, y de los que se hallaban en pie, los dos tercios inhabitables, o quedaban cerrados, y el otro daba una anchurosa vivienda a sus pobladores”.

La población de la colonia española también había sufrido bastante, porque todas las personas que podían abandonar la isla e irse a México, Centroamérica o Sudamérica lo hicieron. Según el censo hecho por orden de la Corona española en 1737, la población en toda la colonia no pasaba de 6,000 almas. La ruina fue tal que de los pueblos originales en muchos casos no había vestigio alguno mientras en otros contaban con 1 a 500 centenares de habitantes. En adición de Santo Domingo, estos pueblos eran Cotuí, La Vega, Santiago, Azua, Bánica, Lares de Guaba (Hincha), Monte Plata, Bayaguana, Higüey, El Seibo y San Juan de la Maguana.

La producción colapsó como fue evidenciado con la caída de las exportaciones y, de hecho, la colonia ni siquiera producía suficiente riqueza para mantener al mismo Estado. Por esta razón, cada cierto tiempo las autoridades españolas en la Nueva España (hoy México) tenían que mandar el situado desde Ciudad de México a Santo Domingo para poder cubrir los sueldos y los gastos de la administración pública. Así lo describe Sánchez Valverde:

“Los Derechos Reales se redujeron a nada, porque ni había ramos de comercio de que cobrarlos, ni persona que se hallase en estado de pagar contribución”.

“La miseria pública fue tanta y tal la escasez de moneda, que la mayor fiesta de Santo Domingo era la llegada del situado, a cuya entrada por las puertas de la ciudad se repicaban todas las campanas y causaba universal regocijo y gritería”.

A partir del año 1670, por orden de los Reyes Católicos, comienzan a llegar centenares de familias canarias a la Isla de Santo Domingo. Con la llegada de estas familias se produce un aumento sustancial en la población de la colonia, gracias no solo a la migración sino también a la multiplicación tan rápida de las familias canarias, con una media que superaba las 6 personas por familia. Los pueblos de Santiago, San Juan, Bánica y Guaba tuvieron un aumento considerable de sus poblaciones, al igual que El Seibo y Azua, aunque esta última tuvo que ser mudada hacia tierra adentro, donde se encuentra hoy, tras ser destruida en el terremoto de 1751. Los pueblos de Montecristi y Puerto Plata habían sido refundados con familias canarias, mientras en otros lugares fueron fundados pueblos nuevos como Dajabón, Sabana de la Mar y Santa Bárbara de Samaná. También fundaron a San Rafael de la Angostura y San Miguel de la Atalaya en lo que en aquel entonces era zona fronteriza en el valle de Guaba. Hoy estos pueblos forman parte de Haití tras los dominicanos cederles esas tierras en 1929 y así el territorio dominicano se redujo de sus 53,000 km2 originales a los 48,000 km2 de hoy. Otros pueblos que fueron fundados con la llegada de los españoles isleños incluye a Las Cahobas (hoy parte de Haití), Las Matas de Farfán, Pedro Corto, San Francisco de Macorís, Angelina (en la provincia Sánchez Ramírez), Amina (provincia Valverde), Baní, San Carlos de Tenerife (hoy barrio de la Capital) y otros pueblos. Es así como el tamaño de la población, que en 1737 rondaba las 6,000 personas, para el año 1785 rondaba las 125,000 personas.

Con la llegada de los canarios, y el sucesivo aumento sustancial de la población dominicana que tuvo mayor auge precisamente en las zonas donde se habían establecidos los isleños, se dinamiza la economía dominicana de una forma no conocida desde hacía más de un siglo.

Por un lado se estimula el sector construcción para acomodar a las nuevas familias, tanto en los pueblos que ya existían como también en los pueblos nuevos que fueron fundados por y para los canarios.

La agricultura es otro sector que recibe un ímpetu considerable tras aumentar el capital humano de vocación agrícola, aumento de la mano de obra, las facilidades de intercambio comercial con otras colonias, la expansión de los terrenos bajo cultivo y el aumento de la demanda doméstica.

El comercio interno y exterior recibió un segundo aire cuando los Reyes Católicos autorizan a los puertos de Montecristi y Puerto Plata para ser puertos libres por diez años, es decir que en esos pueblos se podía practicar el libre comercio con otras naciones y colonias. El resultado fue una prosperidad casi instantánea no solo en estos dos pueblos, sino también en otros pueblos importantes en el valle del Cibao, como Santiago y La Vega, que exportaban sus producciones por los dos puertos ya mencionados o vendían sus frutos y ganados a los residentes tanto de Montecristi como de Puerto Plata. La apertura de estos puertos al libre comercio fue posible con sus refundaciones con familias canarias.

En el caso particular de Montecristi, la guerra que había entonces entre los ingleses y los franceses hizo de este pueblo un almacén común donde concurrían los comerciantes de las colonias de ambas naciones para intercambiar productos. La producción de riqueza por esta actividad fue tan grande, que tuvo un impacto a nivel de toda la economía dominicana. Este efecto multiplicador se evidenció con la presencia de la portuguesa, la moneda de oro de los portugueses, hasta convertirse en la moneda más común en todo el territorio. La bonanza económica también atrajo a muchos extranjeros que se establecieron allí y se mezclaron con los lugareños, y mucha mano de obra.

Otro aspecto que influyó mucho en el desarrollo económico que crearon los canarios en nuestro país fue el hecho que colindábamos con la colonia francesa de Saint Domingue, que en aquel entonces era la colonia más rica en el mundo y la ciudad de Cabo Francés (hoy Cabo Haitiano) era una de las ciudades más ricas en existencia, considerada la París de América y su puerto marítimo era el de mayor movimiento en toda América, incluso superaba al de Nueva York. Los franceses se enfocaron en desarrollar una economía de plantaciones, especialmente de cañaverales y azúcar, café, algodón y otros productos agrícolas; sin embargo, carecían de ganado y sus productos derivados, animales y productos que abundaban en el lado dominicano de la isla. Por ello, durante el gobierno de D. José Solano, se incentiva el intercambio comercial con Saint Domingue, en la que los dominicanos les vendían ganado y sus productos derivados, mientras los franceses ofrecían productos y bienes que ellos tenían y/o producían en abundancia. Este negocio fue muy lucrativo, especialmente en los pueblos fronterizos como los fueron San Miguel de la Atalaya, San Rafael de la Angostura, Lares de Guaba o Hincha, Las Cahobas, etc; y fue un negocio aprovechado especialmente por los canarios y sus descendientes, quienes habían sido los fundadores de estos pueblos.

Es importante señalar que si bien la llegada de los canarios, y el cambio de política económica por parte de la Corona española para con su territorio en la Isla de Santo Domingo, ocasionó un impulso progresista en el ámbito material y poblacional; el Santo Domingo español seguía siendo pobre. Esta pobreza resaltaba mucho más si se comparaba con el nivel de riqueza que producía Saint Domingue, una de las colonias más ricas en el mundo y la más rica de las colonias francesas. Sin embargo, considerando la extrema pobreza generalizada y la despoblación casi por completo que caracterizó el siglo XVII en la parte española de la Isla de Santo Domingo, los avances alcanzados con la llegada de miles de españoles canarios fueron cuantiosos.

Otro dato a señalar es que esta prosperidad que se llevaba acabo durante el siglo XVIII, comenzó a quebrajarse a finales del siglo por efecto de los disturbios que surgieron en Saint Domingue y las secuelas que esto tuvo en la parte española de la isla. Ya en la última década del siglo XVIII había comenzado la sublevación de los esclavos de los franceses en Saint Domingue, y a esto se le añade que en 1795 España y Francia firman el Tratado de Basilea en el cual la Madre Patria cede la parte española de la Isla de Santo Domingo a Francia en cambio que Francia desocupara a Cataluña. Este tratado fue firmado sin el consentimiento de la población dominicana, la cual se sentía española y no querían desarraigarse de lo que consideraban su nación legítima. El efecto de esto fue producir una nueva emigración masiva de la población dominicana hacia Puerto Rico, Cuba y Venezuela, principalmente; y con esta nueva emigración, la prosperidad alcanzada por el impulso de los canarios y sus descendientes comienza a desaparecer. La invasión de Touissant Loverture en 1801, para poner vigencia al Tratado de Basilea que a pesar de haberse firmado en 1795, Francia no había tomado posesión de la parte española de la isla hasta que controlara los disturbios en Saint Domingue; se acelera la emigración masiva. La invasión de Dessalines en 1805, en la que propició varios degüellos no solo en Santiago y Moca como popularmente se cree, sino también en otros pueblos tanto en el Cibao como en la región Sur, e incendió y se llevó como prisioneros a cientos de dominicanos rumbo a Haití, donde luego fueron sometidos a todo tipo de excesos, abusos y crueldades; esto también impulsó más la emigración.

La destrucción de tantos pueblos durante la invasión de Dessalines supuso un duro golpe a la economía dominicana, que ya se encontraba al borde de la desaparición total. En 1809 termina la guerra contra los franceses en la derrota de Palo Hincado y, por fin, el territorio español de la Isla de Santo Domingo vuelve a reincorporarse a España. A partir de 1812 se promulga la Constitución de Cádiz y la colonia de Santo Domingo se convierte en provincia de ultramar de España y se logra mandar diputados a la Corte Real en España donde se suponía era de tomarse en cuenta los intereses de nuestro país. Sin embargo, España no tomó decisiones que propiciaran el desarrollo económico de la isla y por ello este periodo es conocido con el nombre de España Boba, el cual termina a finales de 1821 con la Independencia Efímera de D. José Núñez de Cáceres y en febrero de 1822 comienza la Ocupación Haitiana que dura hasta que se logra la independencia en 1844.

Todos estos sucesos históricos entre 1795 y 1844, comenzando con la cesión a Francia que hizo España del territorio dominicano hasta el gobierno invasor del haitiano Jean Pierre Boyer, fueron trágicos para la economía dominicana y para la sociedad en sí. La población dominicana que con la inmigración, y multiplicación rápida, de los canarios para 1785 había ascendido a 125,000; al terminar la Guerra de la Reconquista en 1809 se había reducido a tan solo 60,000 almas. Si bien muchos murieron en las masacres ocasionadas por los haitianos durante la invasión de 1805, el grueso de la reducción se debió a las emigraciones de familias enteras, sin lugar a dudas impulsadas por el miedo, el rechazo a los franceses, la creencia que en otras tierras iban tener mejor suerte y por un pesimismo y fatalismo que muchos asumieron al ver los trágicos acontecimientos que surgieron en su tierra. Todo esto tuvo un grave impacto en la economía, aumentando la miseria y la desolación. Durante la Ocupación Haitiana de 1822-1844, al principio se produce un auge económico que luego se deteriora mientras Boyer toma decisiones de políticas económicas inapropiadas que al final producen su exilio y la separación definitiva de la ex parte española de la Isla de Santo Domingo para constituirse en un nuevo país llamado República Dominicana.

A pesar de las emigraciones, al día de hoy la mayor parte de la población dominicana, tanto entre los blancos como entre los mulatos, cuentan con inmigrantes canarios entre sus antecesores; y aún perduran sus influencias en la cultura contemporánea de este hermoso país. 

Referencias 

Historia de la República Dominicana de D. Frank Moya Pons

Historia de Santo Domingo de D. Antonio Del Monte y Tejeda

Idea del valor de la Isla Española y utilidades que les puede sacar su monarca de D. Antonio Sánchez Valverde

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