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El proteccionismo vuelve a América Latina: El caso de Argentina

Un instrumento político económico que durante el siglo XX tuvo cierto apogeo en América Latina fue el proteccionismo, especialmente la variante conocida como sustitución de importaciones. Según la teoría, el objetivo de la sustitución de importaciones era crear un superávit en las balanzas de pago al requerir a empresas extranjeras instalar sus plantas manufactureras en el país donde deseaban comercializar sus productos. De esta forma, los productos comercializados serian manufacturados domésticamente con mano de obra local, teniendo un impacto multiplicador en la economía nacional.

Desde Argentina hasta México y desde República Dominicana hasta Perú, el modelo de sustitución de importaciones se puso en marcha teniendo cierto éxito, por lo menos al principio. Con el paso del tiempo, el efecto verdadero surgió a la superficie y finalmente se agotó en los años 80, lo que ocasionó el cambio del modelo económico hacia el neoliberalismo, el cual ha perdurado desde entonces.

La sustitución de importaciones no tuvo el efecto deseado en la región debido a varias razones, incluyendo:

  • Poco énfasis en incrementar la productividad.
  • Productos de calidad inferior a los existentes en el mercado internacional.
  • Productos vendidos a precios más inflados que en el mercado internacional.
  • Creación de monopolios y oligopolios, acentuando la ineficiencia y el mal gasto de capital que pudiese ser mejor empleado de otra forma.
  • Pérdida de oportunidades para reducir la pobreza e incrementar la clase media.

Con las lecciones aprendidas en toda la región tras experimentar con el proteccionismo durante varias décadas del siglo XX, es curioso ver cómo en algunas zonas de América Latina el proteccionismo vuelve aparecer en pleno siglo XXI.

En el caso de Argentina no es que el proteccionismo ha vuelto, sino que ha regresado con una intensidad que en unos cortos años ha convertido a este país en uno de los mercados más cerrados y hostiles para la inversión extranjera. Ese proteccionismo apresurado, impuesto por el gobierno argentino, está afectando a los consumidores argentinos al forzar a la población a pagar precios inflados por productos de calidad inferior. De hecho, la inflación en Argentina ya se mide en cifras de dos dígitos, con una gran sospecha internacional que el gobierno argentino está subvaluando los niveles reales de la inflación, lo cual se manifiesta en la gran brecha que existe entre las cifras oficiales y las de fuentes privadas.

He aquí algunos ejemplos del proteccionismo en lo que va de año:

  • Argentina ha restringido las exportaciones de maíz y de trigo, dejando a los agricultores con un estimado de 4 millones de toneladas de maíz que no pueden vender en el país ni en el extranjero.
  • Las exportaciones de carne han sido limitadas, lo que ha provocado que los ganaderos detengan la cría de ganado y ha ocasionado un descenso en la producción de cuero (piel) mas menos consumo de carne vacuna. Es increíble que se haya dado un descenso de esa naturaleza en el país latinoamericano famoso por su dieta carnicera.

El proteccionismo también se manifiesta en las importaciones, por ejemplo:

  • El 15 de septiembre, Argentina bloqueó las importaciones de libros dejando a más de 1 millón de ejemplares amontonados en la frontera.
  • Las importaciones de motocicletas Harley-Davidson están congeladas hasta el año 2012.
  • La restricción en la importación de Blackberries ha creado una gran escasez del tan demandado producto.

Lo curioso es que el gobierno argentino ve todo esto como un gran logro de su política económica. El Ministerio de Industria dice que ha sustituido US$5 mil millones de las importaciones desde el 2009. Sin embargo, lo que debería de hacer público es el costo adicional que los argentinos tienen que pagar para mantener el mismo estilo de vida de hace unos años atrás, la erosión del poder adquisitivo de la población argentina que se desempeña en la informalidad, y los efectos que éstas políticas económicas están teniendo en la productividad del país.

El enfoque debe ser en incrementar la productividad, en facilitar la inversión extranjera, en crear menos barreras legales al comercio y en dejar que los consumidores compren lo que quieran con su dinero. Si la gente compra productos extranjeros, se debe a que los perciben de mejor calidad o más baratos o las dos cosas. El rol de los productores nacionales no es aferrarse a la competencia desleal al utilizar al Estado para manipular las reglas del juego, a expensas de los consumidores; sino, de innovar e incrementar su nivel de productividad y eficiencia para así poder competir justamente. Dicho sea de paso que Argentina es tan sólo un ejemplo de varios que existen actualmente.

Las economías que han tenido mayor éxito en ofrecer a sus ciudadanos un buen nivel de vida han sido las economías menos proteccionistas, donde valoran al productor eficiente y competitivo sobre los ineficientes, donde el bienestar de los consumidores es tomado en cuenta con seriedad. Véase los casos de Singapur, Chile, Lichtenstein; por mencionar a tres ejemplos.

Referencia

The Economist – Protectionism in Argentina

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