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El salario mínimo vs la productividad

Todos los proyectos de desarrollo económico tienen como meta lograr que la mayoría de la población, en un futuro no muy lejano, pueda disfrutar de un buen estándar de vida. Por tal razón, existe la tendencia a pensar que con la puesta en vigencia de un salario mínimo y cada período de tiempo elevarlo a niveles que sean socialmente ‘aceptables’ se resuelve el problema de baja calidad de vida, bajo poder adquisitivo y se reduce la pobreza. Sin embargo, el tema es un poco más complicado de lo que muchos piensan.

Los salarios se cotizan según la oferta y la demanda, no importa si esta relación es real o ficticia. Los salarios suben cuando la demanda es superior a la oferta y bajan cuando la demanda es inferior a la oferta, pero las restricciones de la oferta pueden ser reales (escasez de mano de obra) 0 ficticia (sindicatos que restringen el tamaño de la fuerza laboral en un sector). De las dos formas, la más deseable es la primera debido a que la segunda también implica la exclusión de un gran segmento de la fuerza laboral que pudiese participar en la economía formal, pero se le es excluida por los sindicatos con el propósito de beneficiar a sus miembros. Debido a esta realidad y el deseo de elevar el nivel de vida de la mayoría, se piensa que con poner un piso al salario, o sea un salario mínimo, se eliminan los salarios más bajos, la fuerza laboral experimenta un incremento en su remuneración y se reduce la pobreza. Sin embargo, lo que ocurre no es un mejoramiento en el poder adquisitivo de la fuerza laboral, sino la eliminación de los puestos de empleo que anteriormente cotizaban salarios por debajo del nuevo salario mínimo.

Esto se debe a una de las siguientes razones:

  • Mecanizan las labores que cotizaban un salario por debajo del salario mínimo, y por tanto no tienen necesidad para el personal que hacía ese trabajo.
  • Deciden exportar las labores afectadas a países donde es legal ofrecer los mismos a un salario igual o similar al que prevalecía antes de la puesta en vigencia del salario mínimo.
  • Los puestos laborales que cotizaban un salario inferior al salario mínimo son eliminados y luego recreados de manera informal, evitando así pagar el salario mínimo.

Las dos primeras opciones no impactan la ciudadanía negativamente cuando ocurren por razones naturales (una reducción verdadera de la oferta) aunque sí es negativo cuando ocurren por razones ficticias (una reducción ficticia de la oferta); la tercera opción nunca es muy deseable.

¿Por qué se limita a estas tres opciones?

El problema surge cuando la fuerza laboral no tiene el nivel de productividad que justifique un alza del salario. La productividad depende bastante de la oferta y la demanda. En un escenario donde la demanda de mano de obra supera por mucho la oferta resulta en niveles de productividad mucho más superiores al escenario donde la oferta supera por mucho la demanda. En muchos casos la productividad puede ser incrementada (y por consiguiente incrementa el salario promedio) implementando tecnologías, pero en un ambiente donde prevalece la oferta más que la demanda, tal acción implica la eliminación de una cantidad de puestos laborales, y por consiguiente, un alza del desempleo y la pobreza.

Otra implicación resultado del aumento del salario mínimo es la inflación. Esto se debe al crecimiento de los costos de producción, lo cual implica un aumento del precio de los productos y/o servicios creados por las empresas afectadas. Esa inflación también ocurre porque un alza en el salario mínimo tiende a ser inorgánico al no ser el resultado de un alza en la productividad. Por tanto, las ventajas del aumento del salario mínimo se limita al corto plazo.

En adición, también afecta al segmento de la población que se desempeña en la informalidad. A pesar que los emprendedores y empleados informales no les aplica las leyes laborales, y mucho menos el salario mínimo o un alza del mismo debido a que ésta actividad funciona fuera de lo que rige la ley; sí son afectados por el alza en el desempleo y la inflación. El alza en el desempleo engrosa la fuerza laboral informal, causando una disminución en los salarios que éstos pueden cotizar dentro del mercado informal. La razón detrás de este efecto vuelve a lo mismo, la oferta y la demanda.  También sufren la inflación en peor medida que los empleados formales a los cuales les subieron el salario mínimo, debido a que los informales no tienen salario mínimo y mucho menos les aplica el aumento del mismo. O sea, para los informales la vida se les encarece mientras en el mejor de los casos sus bajos salarios se mantienen congelados. En un país como República Dominicana, donde la mayoría de la población económicamente activa se desempeña en la informalidad, al igual que la mayoría de los empleados trabajan en microempresas que no pueden soportar un alza en sus costos de producción porque se van a la quiebra; cada alza del salario mínimo resulta en un empeoramiento del bienestar común.

¿Se debe eliminar el salario mínimo?

Aunque lo ideal, especialmente a largo plazo, sería la eliminación del salario mínimo; por asuntos políticos, ideológicos y sociales; esto es imposible. La ciudadanía lo percibirá como un afronte hacia la fuerza laboral debido a que desconocen a fondo los efectos verdaderos que tiene el salario mínimo en su bienestar, además de la popularidad de las ideologías que se limitan al corto plazo, y también puede ser visto como un acto que carece de ética. Debido a éstos y otros problemas sociales que sin lugar a dudas surgirían, lo ideal dentro de un contexto aceptable es aumentar el salario mínimo cada período de tiempo, pero siempre mantener el aumento por debajo del aumento de la productividad. Así los efectos negativos ya mencionados pueden mantenerse bajo control y el bienestar común no se debilita demasiado.

La única forma orgánica de aumentar el bienestar común es incrementado la productividad, la cual, como ya se ha dicho, está celosamente ligada a la oferta y la demanda. Una fuerza laboral que cada año crece a un ritmo inferior comparado con el año anterior implica un aumento en la mecanización y/o mejoramiento de la gestión, lo cual conlleva a un aumento en la productividad, y por consiguiente, un aumento orgánico en el salario promedio. Debido a que es un aumento orgánico, no se exacerba el desempleo, la informalidad, y la inflación; mas el alza del poder adquisitivo perdura a largo plazo, ayudando a bajar la pobreza.

Francamente, no hay forma de circunvenir esta realidad. El bienestar mejora cuando la productividad crece, se mantiene igual cuando la productividad se estabiliza, y disminuye cuando la productividad se reduce. Si los salarios son incrementados de forma inorgánica (o sea, no en acorde con los cambios de la productividad), el resultado es mayor inflación, crecimiento de la informalidad, crecimiento de la pobreza y empeoramiento del bienestar común hasta que el poder adquisitivo se ajuste a su nivel real de largo plazo y no al ficticio con beneficio de corto plazo.

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