ECONOMISTA DOMINICANO

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El impacto de las remesas en el desarrollo y consumo dominicano

Las migraciones han formado parte de los procesos sociales de la humanidad desde los tiempos de la antigüedad. En las últimas décadas estos procesos no solamente se han intensificado, sino que ahora también incluyen beneficios económicos hacia los países emisores por concepto de las remesas.

En el caso de la República Dominicana, las remesas han ido aumentando muy vertiginosamente desde la década de los 80 del siglo XX. Según las estimaciones más recientes, en 2010 las remesas dominicanas ascendieron a más o menos US$3,400 millones equivalente a 7% del PIB, 80% de los ingresos del turismo, 98% la factura petrolera y 120% sobre el monto de inversión extranjera. República Dominicana también figura como el cuarto mercado más grande de remesas en América Latina y el Caribe, superado sólo por México, Brasil y Colombia; además de ser el tercer recipiente más grande de remesas en términos per cápita, detrás de Jamaica y El Salvador.

No queda la menor duda que las remesas tienen un rol muy importante en reducir los niveles de pobreza, pero las remesas no son un gran factor en el desarrollo económico de un país. Un estudio del Banco Mundial revela que el impacto de las remesas en el crecimiento y desarrollo económico de un país suele ser condicional según una variedad de factores de la economía receptora. Aunque la inversión doméstica y los flujos de capitales privados sí tienen una relación positiva en el crecimiento económico, la proporción PIB-remesas no muestra ser un factor significante; inclusive, puede tener un impacto negativo en el desarrollo.

La razón detrás de esa realidad se debe a que la mayor parte de las remesas son gastadas en consumo de artículos de primera necesidad en vez de ser invertidas en actividades productivas que de rendimiento a largo plazo. Aunque el incremento en el consumo eleva a varias familias por encima del nivel de pobreza, la falla en incrementar la productividad lo convierte en un modelo no sostenible. Además, no hay mejor evidencia del poco impacto que las remesas tienen en el desarrollo económico de un país que la carencia a nivel internacional de un país que se haya enriquecido y desarrollado con un crecimiento económico liderado por las remesas.

La República Dominicana no está exenta de esa realidad. No obstante ser un país receptor de remesas a un monto de US$3,400 millones, los cuales ayudan la balanza de pagos; las mismas sólo benefician a 20% de los hogares dominicanos (más o menos 500,000 hogares).

A continuación pueden verificar que las remesas no son repartidas de forma equitativa por cada región del país:

  • Cibao: US$1,530 millones (45%)
  • Gran Santo Domingo: US$1,360 millones (40%)
  • Este: US$340 millones (10%)
  • Sur: US$170 millones (5%)

Las remesas dominicanas tampoco son gastadas de forma equitativa entre consumo e inversiones:

  • Comida y artículos de primera necesidad: US$2,040 millones (60%)
  • Educación: US$578 millones (17%)
  • Lujos y otros: US$204 millones (6%)
  • Negocios: US$170 millones (5%)
  • Ahorros: US$170 millones (5%)
  • Propiedades: US$136 millones (4%)

Por el contrario, según las cifras más recientes (2009) el consumo doméstico asciende a más de US$39,932 millones con las remesas totales equivalente a tan sólo el 8% del mismo. Si nos limitamos a las remesas que se gastan en consumo (comida y artículos de primera necesidad+lujos y otros) nos damos cuenta que el 6% del consumo nacional se debe a las remesas.

En conclusión, las remesas enviadas por la diáspora dominicana radicada en Estados Unidos, Europa y América Latina ayuda a incrementar los niveles de consumo y a sacar de la pobreza a cientos de miles de hogares. También es un componente muy importante en la balanza de pagos. Sin embargo, más de dos terceras partes del monto es gastado en consumo de poca relevancia para el desarrollo económico del país a largo plazo. Esto conlleva un costo de oportunidad que pudiese tener mejor rendimiento en la creación de empleo, en el incremento en la calificación de un gran segmento de la mano de obra, y en la productividad del país si la mayor parte se invirtiera en educación, negocios, ahorros y propiedades.

Por otro lado, queda claro que el alza de la productividad y el desarrollo económico del país depende más de los esfuerzos que el mismo Estado y el sector privado empresarial tanto local como extranjero impulsan con el mantenimiento de la estabilidad macroeconómica y el crecimiento de las inversiones. Otro detalle que también queda claro es que la economía interna dominicana, en su gran mayoría, depende más del crecimiento de la productividad y el crecimiento orgánico de la clase media y media-alta local. La noción que la economía interna dominicana se sustenta de las remesas no es más que un mito que ha sido ampliamente difundido pero que carece de fundamento.

Referencias

Banco Central de la República Dominicana

Do Workers’ Remittances Promote Economic Growth?

Remittances and the Dominican Republic

Financial Institutions and the Remittances Market in the Dominican Republic

World Bank Database

 

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