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Haití, los haitianos y la economía dominicana

La República Dominicana ocupa las dos terceras partes orientales de la isla La Española mientras el resto le pertenece a la República de Haití. Dado esa peculiaridad de estos dos países hermanos compartiendo la misma isla y tomando en cuenta que República Dominicana tiene una población casi igual en tamaño con la haitiana, una economía siete veces más grande y seis veces más próspera que la de Haití; no debe sorprender que hoy en día existe un problema migratorio procedente desde Haití hacia República Dominicana. Por esa peculiaridad insular y una historia tumultuosa entre ambos pueblos, el tema de los haitianos en República Dominicana es controversial. Sin embargo, es posible analizar la situación en el ámbito económico sin caer en las parcialidades provocadas por la política, y a base de esa premisa se basa este artículo.

Haití y República Dominicana tienen un intercambio comercial que en los primeros ocho meses del año en curso (2009) creció 15% con relación al año anterior, o sea de US$365 millones a US$421 millones. Esto hace de Haití el tercer socio comercial de importancia de República Dominicana. Se espera que para el fin del presente año el comercio con Haití ascienda a US$600 millones y para 2012 esa cifra puede alcanzar los US$1,000 millones. De los 800 productos dominicanos que se comercializan en Haití incluye:

  • Varillas de acero
  • Cemento
  • Pasta alimenticias
  • Arroz
  • Aceite de Soya
  • Harina de trigo
  • Habichuela negra
  • Detergente
  • Plancha de zinc
  • Cajas
  • Textiles
  • Aceros
  • Fertilizantes
  • Coco seco
  • Jabones
  • Huevos de aves
  • Bebidas alcohólicas
  • Aceite de maíz
  • Productos plásticos
  • Galletas
  • Velas
  • Cubito de caldo

Además de las exportaciones hacia Haití, el intercambio comercial incluye el funcionamiento de 13 mercados binacionales. Los mercados binacionales se caracterizan con el ingreso de comerciantes haitianos en distintos días por semana a las ciudades dominicanas a lo largo de la frontera. En esas ciudades y pueblos las calles a lo largo de unas cuadras son cerradas al paso de vehículos de motor y en las mismas los comerciantes ofrecen sus productos a los consumidores dominicanos. Esta práctica sostiene a miles de familias haitianas que de no hacerse los mercados binacionales impactaría la economía fronteriza de ambos lados de forma significativa, además que pudiese impulsar movimientos masivos de personas hacia las principales ciudades de Haití y/o hacia la República Dominicana. El país también comercializa servicios en Haití, como es el caso con la constructora Espaillat la cual tiene contratos de construir carreteras en ese país.

La economía dominicana también obtiene beneficios de la inmigración de haitianos. Según la Oficina de Desarrollo Humano del Programa de Naciones Unidas (ODH), en el 2002 había en República Dominicana alrededor de 500,000 haitianos. Sin embargo, según cifras oficiales, la cantidad verdadera asciende a más de 1 millón, la gran mayoría en condición de indocumentados. La incongruencia se da por diferencias en los parámetros para definir quién es haitiano y quién no. Aunque a primera vista parezca algo simple, la ODH utiliza los haitianos nacidos en Haití para definir a la población haitiana mientras el gobierno incluye a los haitianos nacidos en Haití y a los haitianos nacidos en territorio dominicano de padres indocumentados; lo que técnicamente se les niega la nacionalidad dominicana porque están supuesto adquirir la nacionalidad de sus padres dado su ilegalidad. Como máximo se puede considerar que un 11.2% de la población dominicana es haitiana y domínico-haitiana.

Algunos sectores de la economía dominicana ampliamente utilizan la mano de obra haitiana en sus actividades productivas. Según el Colegio Dominicano de Ingenieros, Arquitectos y Agrimensores (CODIA) establece que 85 de cada 100 trabajadores en el sector construcción son haitianos. Según la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) el sector construcción emplea a 277,063 personas (7.3% de la población económicamente activa). Si tomamos la cifra del CODIA y lo aplicamos a la cantidad de personas empleadas en el sector construcción nos damos cuenta que 235,504 son haitianos y sólo 41,559 son dominicanos. En el sector Turismo se estima que más del 50% de la mano de obra son inmigrantes haitianos, la mayoría indocumentados; en números absolutos los haitianos en ese sector vienen siendo unas 72,681 personas. En el sector agropecuario la Junta Agroempresarial Dominicana sostiene que más del 60% de los obreros son haitianos, lo que en números absolutos son unas 302,647 personas. Siendo esos las principales ramas económicas en el ámbito formal que más haitianos emplean, el saldo total es de 610,832 personas lo que dificulta la cifra dada por ODH respecto a la cantidad de haitianos en el país. Más aún cuando se toma en cuenta que un gran número de haitianos se desempeñan en la economía informal como se puede observar en el caso de los vendedores ambulantes, mototaxistas (motoconcho), etc. Un dato curioso es el número de haitianos que trabajan en los cañaverales e ingenios en 2006 era de unos 12,000; lo que refleja una disminución significativa con relación a años anteriores, cuando la mano de obra es la principal fuente para el corte y recolección de la caña. Este cambio se debe al proceso de mecanización de la industria azucarera que ha llegado al 40%, reduciendo la demanda de obreros.

La presencia de tantos trabajadores haitianos en República Dominicana tiene implicaciones positivas para la economía de Haití. Por ejemplo, en el sector construcción el 80% de los obreros haitianos envían remesas a Haití. Según el Instituto Azucarero Dominicano (Inazúcar) los haitianos residentes en República Dominicana envían alrededor de US$350 millones en remesas a Haití. Sin embargo, las remesas totales que Haití recibe ascienden a más de US$1,650 millones al año, equivalente a un tercio del PIB de ese país. El impacto que la mano de obra haitiana residente en República Dominicana tiene en la economía de Haití es significante.

Es obvio que la República de Haití es un socio importantísimo para la economía dominicana. Ese intercambio comercial tiene un valor de casi US$600 millones para fin del año en curso, y si a eso se le añade la productividad que la mano de obra haitiana ofrece a base de bajos salarios en sectores como turismo, construcción, agropecuaria,  además de la economía informal; las ganancias que República Dominicana recibe son miles de millones de dólares. Haití también recibe beneficios por la inyección de US$350 millones a su economía por vía de las remesas enviadas desde el país, el acceso a productos/servicios que sin la ayuda de República Dominicana no pudiese obtener a los precios actuales y las millonarias inversiones directas por parte de empresas dominicanas como constructora Espaillat, Grupo M, Bon Agroindustrial, etc. En el ámbito estrictamente económico, tanto República Dominicana como Haití ganan intercambiando productos, servicios y mano de obra.

Sin embargo, con esto no quiero implicar que todo está bien porque no es así. A pesar de lo ya mencionado, la presencia de tantas personas indocumentadas, la falta de controles efectivos en la frontera y el constate flujo migratorio desde Haití hacia República Dominicana impone nuevos retos para el país. Por un lado está las influencias culturales y/o el deseo de preservar la cultura dominicana se dificulta ante el oleaje inmigratorio clandestino de haitianos. Por otro lado está el problema de obreros dominicanos siendo desplazados en algunos sectores de la economía por la mano de obra haitiana, al ser indocumentada y numerosa, es mucho más barata que la nativa. El legado de una historia tumultuosa y violenta entre ambos países, el retorno de enfermedades que fueron erradicadas en República Dominicana pero no en Haití y en los últimos años han resurgido en República Dominicana gracias al problema migratorio; todo esto y más son retos que merecen mucha atención por parte de las autoridades y se necesita una solución lo más pronto posible. Pero de todos los posibles males, el que más puede amenazar la estabilidad económica, social, cultural y hasta política de República Dominicana es la falta de crecimiento económico y desarrollo significativo en Haití mientras República Dominicana continúa desarrollándose y enriqueciéndose. La creciente desigualdad entre los dos países, la falta de desarrollo en Haití y la falta de control en la frontera simplemente va a seguir incentivando más inmigración clandestina hacia República Dominicana, lo que a largo plazo puede poner todas las ganancias económicas, sociales e institucionales en peligro.

Referencias

Centro de Inversión y Exportación de la República Dominicana (CEI-RD)

Oficina de Desarrollo Humano del Programa de Naciones Unidas (ODH)

Colegio Dominicano de Ingenieros, Arquitéctos y Agrimensores (CODIA)

Junta Agroempresarial Dominicana

Secretaría de Trabajo

Instituto Azucarero Dominicano (INAZUCAR)

El caso de la inmigración haitiana en la República Dominicana

Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de Hogares (ENIGH 2007)

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